01 agosto 2009

Sección Coruñeses Ilustres del barrio: ¿Quién fue Alfredo Tella?

Alfredo Tella Comas fue uno de los más ilustres periodistas coruñeses del siglo pasado y su pluma, una auténtica institución en la ciudad herculina. El Ayuntamiento bautizó con su nombre la travesía del barrio del Ventorrillo que enlaza la ronda de Outeiro con la calle Rodrigo A. de Santiago Majo.

Fue en 1966, en un pleno presidido por el alcalde Demetrio Salorio Suárez. Las tertulias periodísticas del café La Peña contaban con sus ingeniosas aportaciones satíricas. En el rincón de Tella se realizaron durante años multitud de comentarios punzantes sobre las características y acontecimientos diarios que ocurrían en su ciudad natal. Esos diálogos los compartió con otros periodistas entre los que destacó por el indudable acierto de sus palabras. El humorismo de las crónicas de Tella se movía entre el sarcasmo y la tolerancia. Son muchos los críticos y conocedores de sus escritos que coinciden en que sus textos eran “chistes vivientes”. Su prosa era activa y desenfadada. Dicen que hablaba como escribía. La sutileza era una de sus muchas virtudes como periodista, enriquecida por la ausencia de crueldad en sus comentarios. La pulcritud de su lenguaje, otro de los ingredientes que hacían sus trabajos atractivos para los ciudadanos de a pie. Sus palabras abrían cada mañana una página de la ciudad impresa en el papel ennegrecido de los periódicos de antaño. Alfredo Tella fue y aún es una verdadera institución en A Coruña y, sobre todo, en la prensa local.

Una operación a la que no sobrevivió puso fin a su vida en Madrid en 1927, cuando tenía 54 años. Murió justo en el apogeo de sus cualidades intelectuales, cuando ya tenía pleno dominio de la nota de distinción que obligaba a los coruñeses a apostar por la gracia de sus textos y cuando ya había forjado su peculiar estilo periodístico. Fue enterrado en el cementerio de La Almudena, aunque unos amigos suyos prometieron traer sus restos a A Coruña, ciudad que él amaba por encima de todo, pero la agitación de la época lo impidió.

Fuente: Callejero de La Opinión

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